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El cuerpo no es algo que tenemos, es el lugar que habitamos

  • hace 4 días
  • 3 min de lectura


El cuerpo es el lugar que habitamos

Vivimos a través del cuerpo, nos expresamos a través de él y, en buena medida, interpretamos la vida desde la información que ha quedado grabada en nosotros.


Habitualmente hablamos del cuerpo como si fuera algo que poseemos: mi cuerpo, mi espalda, mis piernas, mi respiración. Casi como si nosotros estuviéramos en algún lugar separado y el cuerpo fuera únicamente el vehículo que utilizamos para movernos por el mundo.


Mientras responde como esperamos, apenas le prestamos atención. Sólo cuando aparece el dolor, la rigidez, el cansancio o alguna limitación comenzamos a ocuparnos de él. Entonces intentamos corregirlo, aliviarlo o conseguir que vuelva a funcionar cuanto antes.


Pero el cuerpo no es solamente una estructura que nos sostiene. Es el lugar que habitamos. Todo cuanto vivimos sucede a través de él.


A través del cuerpo sentimos, nos relacionamos, nos protegemos y nos expresamos. Nuestra manera de respirar, caminar, mirar o permanecer ante otra persona transmite una información que muchas veces no reconocemos conscientemente.

Nuestra historia también va dejando huellas en él. Las experiencias vividas, las creencias que hemos construido, los patrones que repetimos y las formas que hemos aprendido de protegernos no permanecen únicamente en nuestros pensamientos. También pueden expresarse en nuestra postura, nuestra respiración, nuestras tensiones y nuestra manera de reaccionar ante la vida.


Un cuerpo acostumbrado a protegerse puede permanecer tenso incluso cuando ya no existe un peligro real. Una respiración contenida puede llegar a parecernos natural. Una mandíbula apretada, unos hombros elevados o la dificultad para soltar el control pueden formar parte de nosotros sin que apenas nos demos cuenta.

Desde toda esa información percibimos e interpretamos lo que vivimos. Ante una misma situación, dos personas pueden sentir y responder de maneras muy diferentes, porque no reaccionan únicamente ante lo que sucede en el exterior, sino también desde aquello que llevan dentro.



Desde mi manera de entenderlo, no somos espectadores pasivos de una realidad que sucede fuera de nosotros. Participamos en la creación de nuestra experiencia, y esa participación no se produce únicamente a través de la mente. También interviene el cuerpo, con todo lo que ha aprendido, acumulado y convertido en hábito.

Por eso, acercarnos al cuerpo no consiste solamente en conseguir que deje de doler o que se mueva mejor. También puede convertirse en una forma de conocernos y en una parte importante de nuestro camino de conciencia.


Pero escuchar el cuerpo no significa necesariamente sentirnos mejor de inmediato. A veces escuchar es encontrarnos con una tensión que no habíamos percibido, descubrir que un movimiento nos cuesta o reconocer un dolor que llevábamos tiempo evitando. La escucha no siempre nos conduce primero al bienestar; en ocasiones nos pone en contacto con aquello que necesita ser visto.


En este sentido, el Qigong/Chikung, puede ayudarnos a desarrollar una sensibilidad más profunda. Al realizar un movimiento con atención podemos descubrir que una zona permanece rígida, que la respiración se interrumpe o que hacemos más fuerza de la necesaria. El movimiento deja entonces de ser algo que simplemente ejecutamos y se convierte en una forma de observarnos.


Aprender a sentir esas respuestas sin juzgarlas ni intentar cambiarlas inmediatamente es ya un paso importante. Antes de poder transformar algo necesitamos reconocer que está ahí. Para equilibrar algo primero necesito dar espacio al desequilibrio.


Después llegará otra parte del camino: aprender a actuar de acuerdo con lo que hemos escuchado. Pero para eso, primero tenemos que recuperar la capacidad de sentir el cuerpo desde dentro, atender a sus señales y reconocer la información que expresa.

Porque nuestra vida no sucede al margen del cuerpo. Nuestra vida toma forma a través de él. Y aprender a escucharlo es también comenzar a conocernos.

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