La respiración consciente: una puerta hacia nuestro interior

Respiramos desde que nacemos hasta que morimos. Podemos pasar un tiempo sin comer o sin beber, pero apenas unos minutos sin respirar.
La respiración es el acto más constante y esencial de nuestra vida y, sin embargo, la mayor parte del tiempo sucede sin que nos demos cuenta.
Respiramos mientras trabajamos, caminamos, hablamos o dormimos. La respiración está siempre con nosotros, pero nosotros casi nunca estamos con ella.
Cuando comenzamos a observarla conscientemente, algo cambia. La atención, que normalmente se encuentra dispersa entre pensamientos, preocupaciones y estímulos exteriores, empieza a regresar al cuerpo. La respiración se convierte entonces en una puerta de entrada hacia nuestro interior.
No se trata de controlar la respiración
Hoy encontramos multitud de técnicas respiratorias que nos indican cuánto aire debemos tomar, durante cuántos segundos tenemos que retenerlo o de qué manera debemos expulsarlo. Estas técnicas pueden tener aplicaciones concretas, pero respirar conscientemente no significa necesariamente controlar o modificar la respiración.
En muchas ocasiones, lo primero que necesitamos es algo mucho más sencillo: permitir que la respiración natural vuelva a nosotros.
Nuestra manera de respirar puede haberse ido alterando con los años. Las tensiones corporales, las emociones contenidas, las preocupaciones y la necesidad de mantenerlo todo bajo control pueden hacer que la respiración se vuelva superficial, rígida o entrecortada.
No hace falta obligarla a cambiar. Podemos empezar simplemente observándola.
Sentir cómo entra y sale el aire. Percibir el movimiento del pecho y del abdomen. Reconocer si la respiración es amplia o limitada, tranquila o agitada, sin considerarla correcta o incorrecta y sin pretender llevarla hacia ningún lugar.
Cuando dejamos de intervenir y permanecemos presentes, el cuerpo puede comenzar a recuperar por sí mismo su propia forma de respirar.
La respiración nos muestra cómo estamos

La respiración cambia continuamente según nuestro estado interior. Se acelera cuando sentimos miedo, se bloquea cuando contenemos una emoción y se vuelve más amplia cuando nos encontramos tranquilos.
Por eso, observarla también es una forma de conocernos. Nos permite descubrir tensiones y estados que quizá nuestra mente todavía no ha reconocido. La respiración no nos cuenta la imagen que tenemos de nosotros mismos: nos muestra cómo estamos realmente en ese momento.
Pero este conocimiento no se limita a conocer mejor nuestra personalidad, nuestras emociones o nuestros pensamientos. Si permanecemos presentes en la respiración, podemos ir más allá de todo aquello con lo que habitualmente nos identificamos.
No somos únicamente el conjunto de ideas, recuerdos, preocupaciones y condicionamientos que ocupa nuestra mente. Detrás de todo ese movimiento existe una presencia más profunda.
El encuentro con el ser
Cuando observamos la respiración sin manipularla, la mente puede comenzar a calmarse. No porque luchemos contra los pensamientos, sino porque nuestra atención deja de alimentarlos continuamente y regresa a algo real que está sucediendo ahora.
Sentimos el cuerpo respirando. Sentimos la vida entrando y saliendo de nosotros.
La respiración une lo visible con lo invisible. El aire no puede verse, pero sostiene el cuerpo y hace posible nuestra vida. Cada respiración nos recuerda que existe algo esencial que no depende de nuestros pensamientos ni del personaje que hemos construido.
Por eso, la respiración consciente puede convertirse en una vía de encuentro con nuestro ser espiritual. No porque la respiración tenga que llevarnos a un estado extraordinario, sino porque nos ayuda a retirar, aunque sea durante unos instantes, el ruido que nos impide percibir lo que ya está presente.
No tenemos que buscar ese encuentro lejos de nosotros. No necesitamos fabricar una experiencia especial. Podemos comenzar prestando atención al acto más natural y sencillo que nos mantiene vivos.
La respiración es mucho más que un intercambio de aire. Es el aliento de vida que nos acompaña desde el principio hasta el final y uno de los caminos más directos para regresar a nuestro interior.
A veces, basta con dejar de intentar llegar a algún lugar y permanecer presentes en una sola respiración.


Comentarios